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Los almogávares, la historia I

Los almogávares fueron tropas de choque de la Corona de Aragón formadas por infantería ligera, mostrando gran actividad entre los siglos XIII y XIV, siendo decisivos para el triunfo de las armas aragonesas en el Mediterráneo.

Respecto al origen de la palabra almogávar existen diferentes teorías: la primera dice que proviene de la palabra árabe al-mugavar (los que provocan disturbios), la segunda de al-mukhavir (portador de noticias) y finalmente, una tercera, que sostiene que viene del adjetivo gabar, que significa orgulloso o altivo.

Las primeras noticias que se tienen de ellos datan de principios del siglo XIII, cuando solían hacer incursiones en tierras musulmanas, que solían tener una duración de uno a dos días, estructurados en escuadrones de doce hombres.

Estos guerreros eran reclutados en las zonas montañosas del Pirineo aragonés, de la cordillera catalana y de las zonas montañosas del Sistema Ibérico, concretamente de los territorios de las Comunidades de Calatayud, Daroca, Albarracín y Teruel. Aunque, también podemos encontrar a algunos de muy diversa procedencia, como valencianos, navarros, sicilianos, etc.



Los almogávares habían sido arruinados por las continuas incursiones de las tropas árabes y actuaron como mercenarios al servicio del rey de Aragón. Se caracterizaban por ser tropas de choque de infantería que combatían a pie. Eran ágiles y musculosos, con largas y revueltas cabelleras y rostros curtidos y ennegrecidos por el aire, el sol y la intemperie. Su atuendo militar se limitaba a una camisa y una gonella o túnica corta, unas calzas de cuero, unas antiparas (polainas de cuero que cubrían solamente la parte delantera de la pierna) y unas abarcas. En la cabeza, en vez de yelmo o capacete, usaban una redecilla de hierro o de cuero. No solían llevar armas defensivas; ni corazas, ni lorigas, ni escudos, sólo a veces portaban un pequeño escudo redondo. Tampoco usaban picas y tan sólo llevaban una azcona (venablo o lanza corta arrojadiza), cuatro o cinco dardos y un colltell (especie de cuchillo largo y fuerte, muy afilado). A la espalda o al costado les colgaba un zurrón para las provisiones, que normalmente consistían en pan moreno, hierbas y frutas, y sujetaban la cintura con una correa, de la que pendía una bolsa o yesquero para encender fuego y, junto a ella, la vaina del colltell.

Su estratificación militar en inicio, por grados de infantería, se reducía a tres: el adalid (del árabe dalla, que significa enseñar el camino), jefe máximo de designación real; los almocádenes (del árabe al-muccadem, que significa el capitán, el que dirige), responsables del funcionamiento de la hueste e integrantes del Consejo, organismo responsable decisorio sobre problemas del grupo; y los almogávares propiamente dichos, base de los soldados de la organización.



El ritual que llevaban a cabo los almogávares para comenzar la batalla era golpear sus armas, haciendo saltar chispas, además de emitir terribles gritos para aterrorizar a su enemigo. Los almogávares poseían gran valor y fiereza, entrando al combate al grito de ¡Desperta Ferro! (despierta hierro) y ¡Aragón, Aragón!

Artículo escrito por nuestro colaborador Sergio.

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Antes de entrar en batalla las armas eran golpeadas, no entre si, sino contra "piedras de fuego" -pedernales- que era lo que producía esas famosas chispas.

Gracias por la aclaración.

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